
ORFANATO. Niños congoleños esperan su ración de comida en una comunidad bautista de Virunga, Goma. En Africa hay millones de refugiados.
A MEDIO SIGLO DEL PROCESO DE DESCOLONIZACIÓN
El proceso de independencia de las naciones africanas comenzó hace 50 largos años. Lo inauguró Ghana, en 1957, y lo siguió Guinea, un año más tarde. Luego, durante los 60, casi todos los países fueron abandonando en forma más o menos pacífica su ligazón política con Europa. Los lazos económicos aún siguen vigentes en la mayoría de los países del continente, más allá de los intentos que se han hecho en distintas etapas por alcanzar algún grado de autonomía. Lo concreto es que medio siglo más tarde de este proceso, algunos de los dramas más devastadores del planeta se registran en África, e incluso hay un conflicto que involucra a varias naciones en una matanza que lleva años. Solo que los medios occidentales reflejan sus consecuencias en forma esporádica, y solo como un dato anecdótico en el que ninguna responsabilidad atribuyen a los intereses de las grandes multinacionales o las potencias de la actualidad.
«El colonialismo tuvo un impacto devastador en África», concede Sergio Galiana, docente universitario y especialista en Colonización y Descolonización de la Universidad de Buenos Aires. Las potencias europeas que a fines del siglo XVIII se lanzaron con avidez inhumana a la conquista de las riquezas del continente negro –como antes lo habían hecho con la población, esclavizada por siglos– establecieron unidades administrativas acordes con la división de intereses de la nación central. Esto creó fronteras artificiales donde no se tomaron en cuenta diversidades étnicas o culturales. Muchos de los actuales conflictos tienen relación con esa partición irracional.
«Sin embargo –argumenta Galiana– la cuestión étnica es mucho más compleja que lo que dicen los medios. Si la inestabilidad de algunos países se debiera a eso no se entiende cual es el problema de Somalia, un ejemplo de Estado fracasado para un país conformado por un 99 por ciento de habitantes somalíes y de religión musulmana».
Catástrofes humanas
Para organismos internacionales con inserción en el continente, como Médicos Sin Fronteras, en África están gran parte de los países del mundo que viven las mayores catástrofes no naturales. Es el caso de la mencionada Somalia , el Congo, Sudán, Etiopía, Zimbabwe. «Son países con crisis humanitarias cuyas proporciones no les impiden resultar invisibles a los ojos de una comunidad internacional ciega, sorda y absorta en su propio marasmo económico. A fuerza de repetidas, las crisis de los pobres a casi nadie importan», reflexiona MSF.
Un estudio de la ONG informa que, en el caso concreto del Congo, en los últimos 10 años se registraron no menos de cinco millones de muertes, «más que en las guerras de Vietnam, Irak, Afganistán y el conflicto palestino». A esto habría que sumar más de un millón de desplazados y refugiados.
Los antecedentes de esta guerra en la que intervienen efectivos de varios países africanos, es una guerra civil azuzada por intereses internacionales en el control de los recursos minerales de enorme valor como el coltán (ver recuadro), la casiterita (mineral de estaño) y el diamante. Se la define como la Gran Guerra Mundial africana porque hay varios países metidos en el conflicto, ya sea para apropiarse de parte de los recursos en explotación o porque hay etnias comunes implicadas a cada lado de las fronteras. Por las tierras congoleñas transitan tropas de Ruanda, Uganda, Zimbabwe, Angola, Namibia, Chad y Sudán. Un precario cese del fuego declarado en 1999 y un Acuerdo de Pretoria, firmado en Sudáfrica, en 2002, no logró llevar una paz definitiva a la región.
La debacle de Zimbabwe representa una parábola sobre la intervención blanca en el continente. Ubicada al norte de Sudáfrica, en los 60 organizó un Estado, Rodesia, que copió ciertos modos de apartheid para controlar a la mayoría de población negra. Alcanzó cierta prosperidad (en términos europeos) que le permitieron ser incluso exportadores de tabaco y alimentos. Pero en los 80 cayó el régimen racista, y desde 1981 gobierna Robert Mugabe, con fuerte discurso socialista y mano de hierro. La reforma agraria nunca permitió volver a alcanzar los estándares de producción anteriores, ya que según los críticos, las tierras no fueron repartidas entre quienes podrían haberles sacado provecho sino entre simpatizantes de Mugabe.
Con posibilidades de convertirse en la segunda economía más desarrollada de África subsahariana, su principal problema, recuerda Galiana, «es que no tiene moneda». Los pobladores viven, desde hace añares, en hiperinflación, a tal punto que hace algunas semanas el Gobierno lanzó un nuevo billete, por un valor nominal de 100 billones de dólares zimbabwenses. El valor, ese día, fue de 33 dólares estadounidenses. Una de las razones para esta situación es que los precios aumentan en forma escalofriante por la escasez de alimentos y productos de primera necesidad.
En esa nación hay una crisis sanitaria, consecuencia de la epidemia de cólera, aunque la crisis política parece haberse encaminado luego de un acuerdo con la oposición que permitirá armar un gobierno de unidad junto con el opositor Morgan Tsvangirai.
Piratas sin Estado
El cuerno de África es noticia desde hace algún tiempo por la intensa actividad de los piratas marinos en las costas somalíes. La guerra civil que se desató en 1990 provocó matanzas y la desaparición del gobierno central. Los poderes se repartieron entonces entre los llamados «señores de la guerra». Luego de varias batallas internas y de que las Naciones Unidas aclararan que no reconocerían a ninguna republiqueta formada sobre la base de la antigua nación, quedaron tropas etíopes y de la ONU como garantes del gobierno provisorio de Mogadiscio, que intenta reconstruir el país.
Pero la ayuda para luchar contra los grupos guerrilleros fundamentalistas no habría de ser eterna y a principios de 2009 los últimos soldados de Etiopía dejaron la capital somalí. No es fácil sospechar cómo será el futuro en estas tierras, ante el avance de buques de guerra destinados a proteger las naves petroleras y de carga que hasta ahora son víctimas de los bucaneros en el Golfo de Adén.
Por esta razón, el Parlamento Europeo pidió reforzar la misión de mantenimiento de la paz en Somalia. El legislativo comunitario también recomendó hacerse cargo de los conflictos fronterizos entre Etiopía y Eritrea y entre Eritrea y Yibuti, ante el riesgo de sumar combustible a la inflamable región. Al mismo tiempo, solicitó el despliegue de fuerzas de la ONU en Darfur, Sudán, para fortalecer a los contingentes de la Unión Africana que buscan consolidar la paz. El caso de Sudán es también complejo, porque el país está conformado por un Norte musulmán y un sur ecuatorial de población negra. En este contexto, los intereses petroleros juegan un rol fundamental. Pero también hay conflictos por otro bien escaso y fundamental: el agua dulce, en el que aparecen litigando grupos étnicos y políticos enfrentados con el gobierno central. Las matanzas que se producen en Darfur llegaron a ser consideradas como genocidios por la ONU. Los muertos en esta guerra que, en teoría, finalizó con los acuerdos de paz de 2005, fueron también millones. Pero las batallas continúan como si nada.
Más allá de estos conflictos puntuales, al norte del continente se extiende la región arabizada , donde los problemas tienen otra magnitud y se encaran de otra forma. Por lo pronto, discuten sus intereses con el resto de los países árabes, y tratan de no inmiscuirse demasiado en lo que suceda al sur del Sahara. Fuera de lo cual allí el principal problema a resolver es el de la nación saharaui, donde el Frente Polisario creo la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) desde que en febrero de 1976 España decidió abandonar sus colonias en el Sahara Occidental. Al poco tiempo Marruecos ocupó esas tierras y comenzó a desplazar en forma violenta a los nativos. Actualmente son unas 250.000 personas que ocupan los asentamientos de Tindurf y son asistidas por la ONU.
Alberto López Girondo
Foto: REX FEATURES/DACHARYi
Publicado ACCION en defensa del cooperativismo y del país, en la edición 1021, Marzo de 2009
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