Cabe aclarar que si bien no estamos de acuerdo con estipular el “día de”, siempre es una fecha que sirve para llamar a la REFLEXIÓN sobre temas puntuales. En este caso, sobre los animales.
¿Por quienes se conmemora el día de la madre, del padre, del niño, del maestro, etc.?
¿Por “algunas” madres, “algunos” padres, “algunos” niños y “algunos” maestros?
No. Todos lo hacen por todos.
Pero con los animales –los no humanos- la óptica es distinta…
Hay un sistema de percepción del mundo, que desde pequeños, nos enseña a clasificar todo lo que nos rodea, y así “aprendemos” a distinguir lo correcto de lo incorrecto, a “catalogar”, a “etiquetar”. En el caso de los animales no humanos lo que se nos ha determinado es que algunas vidas nos harán compañía y las restantes serán meros productos de consumo. Objetos con vida útil y vencimiento, ignorados como seres sintientes, sin contemplación alguna.
Y así lo entiende la mayoría, porque les ha sido enseñado como “lo normal”.
Otras personas “más consideradas”, estarán por estas fechas reafirmando su convicción de seguir reclamando por “mejores condiciones de almacenamiento”, de “transporte”, y de un “más digno fin” en el proceso para estos “productos de consumo”.
Porque pareciera ser que no se puede hacer ni pedir más que eso.
NOSOTROS CREEMOS QUE DEBEMOS ROMPER ESOS PREJUICIOS ARBITRARIAMENTE IMPUESTOS. Y DARNOS ESPACIO PARA REPLANTEARNOS LO APRENDIDO…
Si la propuesta suele ser que “hablemos por los que no tienen voz”, ¿por qué no ponernos en su lugar un momento y pensar qué nos dirían? Sabiendo ellos que no los necesitamos para vivir (nosotros también lo sabemos), ¿aceptarían que la lucha de quienes actúan por ellos tenga como límite mejorar las condiciones en que son hacinados o ejecutados?... ¿O valorarían más que los representemos pidiendo por su no explotación, su libertad y su derecho a vivir?
Imaginemos por ejemplo a un ternero, un cerdo y un pollito encerrados en una celda, custodiados por su inminente verdugo (el humano especista) pero ilusionados ante la aparición de un activista que dice luchar por ellos.
¿Qué pensarían al verlos negociar amigablemente? ¿Por qué no echar al verdugo y liberarlos, si al fin y al cabo nadie los necesita para alimentarse, vestirse, entretenerse o testear productos? ¿Qué habrá logrado por ellos en esa negociación?
Una celda un poquito más grande, y que pongan más agua, quizás…
Y ahí termina todo.
Muy lejos, de lado, quedará el planteo por la condena a muerte de sus tres inocentes vidas…
Muy lejos, de lado, quedará el planteo sobre una VERDADERA liberación animal.
Si el verdugo está “trabajando” y nadie le dice nada, quizás ni piense si lo que hace está bien o mal. Pero si recibe la visita de los “abogados” de sus víctimas y la “defensa” es la antes explicada, desde ese momento afirmará que lo que hace está bien y que tan sólo debe modificar “algunos detalles” en el proceso: golpear más fuerte y rápido, afilar bien el hacha…
Lo mismo ocurrirá con los “consumidores finales” de estos desdichados prisioneros. No sólo no se les plantea la posibilidad de salvarlos, sino que hasta de alguna forma el mensaje puede ser que disfruten sin culpa de esos cadáveres, ya que gracias a su activismo esas vidas han gozado –teóricamente- de cierto “bienestar” en su explotación/ejecución.
Para aquellos que conviven con gatos o perros, no debería ser difícil extrapolar en ellos todo el sufrimiento que cualquier animal explotado padece, y entender así que no hay diferencia…
Entonces, comprendamos que:
NEGOCIAR CON EL VERDUGO ES VALIDAR LA MUERTE.
TODA EXPLOTACIÓN Y ESCLAVITUD DE SERES SINTIENTES DEBE SER ABOLIDA.
Por eso decimos:
BASTA DE ESPECISMO. RESPETEMOS TODAS LAS VIDAS, TODOS LOS DIAS.
Gustavo Defelice |